Artículo

30 Nov

Contundencia sin violencia

MIGUEL
Miguel Ceara-Hatton

El gobierno ha dicho que se le critica por gastar. Afirma que de no haberse generado el déficit público de los RD$200 mil millones en 2012, el desempleo, la pobreza y el crecimiento del PIB hubiesen tenido un peor desempeño.

A priori, el déficit fiscal no tiene por qué ser malo o bueno. No se trata de un tema doctrinario, aunque algunas escuelas de economía así lo consideran, pero ese no es mi caso. El gasto público puede ser un motor de desarrollo y aún el déficit público bajo ciertas condiciones es positivo, al expandir la demanda agregada. Igual ocurre con la deuda que acompaña a ese déficit, que tampoco tiene que ser mala o buena a priori, todo depende de cómo se gaste. Ese gasto pudo haber ido a mejorar la educación, la salud y los servicios públicos en general, es decir, pudo haber ido a mejorar la calidad de vida de la población. Lamentablemente ese no fue el caso.

El problema es que el déficit y el gasto público fueron a financiar el dispendio, el derroche en boatos de los directivos de la corporación política, el clientelismo, la malversación, la dilapidación y desviación de fondos públicos, el despilfarro, la corrupción y todo eso se hizo violando los derechos ciudadanos, las leyes y la Constitución. Pero además, hay claros indicios de que detrás de ese enorme déficit fiscal hay sobrevaluaciones, extorciones en forma de comisiones ilícitas y delitos que deberían ser investigados por la justicia, es decir, hay indicios de que el enorme déficit fiscal es un inmenso fraude fiscal.

Peor aún, la ciudadanía está indefensa frente a esa situación. La justicia está en manos de la corporación política. Los fiscales, los tribunales y las altas cortes se niegan a administrar justicia, a investigar el delito y a recibir las denuncias de la ciudadanía si se trata de los miembros de la corporación política. A ellos les deben sus cargos. Sencillamente se corrompe el Estado de derecho y la democracia dominicana o lo poco que quedaba de ella.

Frente a esta situación, el Presidente de la República, nos responde con el “borrón y cuenta nueva”, confunde el reclamo ciudadano de justicia con revancha y reclama transformar las “piedras en ladrillos” para construir el futuro.

No Señor Presidente, aquí no hay piedras, hay una voluntad firme de un pueblo que reclama una sociedad basada en derechos. Hay la voluntad de terminar con la impunidad, con el borrón y cuenta nueva. Es justicia lo que se reclama. La ciudadanía sólo se protege con las leyes, pero frente a ilegalidad, la arbitrariedad y el abuso, solamente quedan las calles, con contundencia pero sin violencia. Sólo así podrá haber un futuro diferente.

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