República Dominicana tiene esperanza de vida de 77 años y Haití de 64

16 Nov

La diferencia con Haití es de 13 años

El Fondo de Población de las Naciones Unidas- sede de República Dominicana pone a circular nuevo informe con temas de planificación familiar, derechos humanos y desarrollo.

En un nuevo informe puesto en circulación este pasado jueves, el Fondo de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNFPA) puso de relieve que República Dominicana dispone de una esperanza de vida de 77 años, frente al promedio de 72 años a nivel global.
En el marco de ese promedio Japón con 87 años de esperanza de vida lleva la delantera. En la región  Chile con 87 años, República Dominicana con 77 y Haití con 64 años, tiene la esperanza de vida menor en la isla La Española que comparte con la República Dominicana, conforme a datos adelantados por representantes locales del organismo.
Otros datos aportados por Jeremy Freehill, Oficial Nacional Programa de Género, Monitoreo y Evaluación, y Angla Polanco, Oficial Nacional de Programa de Salud Sexual y Reproductiva del UNFPA indican que conforme al censo del 2010, República Dominicana registra una población de 9.5 millones, sin embargo el UNFPA, utiliza dos años adelante para establecer su estimación lo que indica que el país debe tener 10.2 millones de habitantes al 2012. En relación con Haití, se estima que se acerca al tamaño de población de República Dominicana a pesar de tener un menor tamaño de territorio. Entre ambos países tienen en la isla una población cercana a los 20 millones de habitantes.
Se aboga porque el Estado asegure en la República Dominicana el acceso a métodos de planificación familiar seguros y modernos.

Declaración del Director Ejecutivo del UNFPA al dar a conocer el informe Estado de la Población Mundial 2012

Date: 15/11/2012
Babatunde Osotimehin, Director Ejecutivo del UNFPA
Bienvenidos a este acto en que se da a conocer el informe del UNFPA Estado de la Población
 Mundial 2012, titulado: “Sí a la Opción, No al Azar: Planificación de la Familia, Derechos
 Humanos  y Desarrollo”.
En este informe del UNFPA se fundamenta que la planificación voluntaria de la familia es un
 derecho humano. Además, debido a que es un derecho, toda persona que quiera tener
 acceso
a la planificación de la familia debería tener dicho acceso. Con un gasto de solamente un
dólar  por cada habitante de la Tierra, sería posible que todos disfrutaran de ese derecho.
La planificación de la familia es una de las inversiones de más crítica importancia que podemos efectuar: en salud, en derechos de la mujer y en las trayectorias de la vidas de los jóvenes. Al disponer de educación sobre la sexualidad apropiada para las distintas edades y de acceso a anticonceptivos, los jóvenes pueden realmente planificar su educación, su trabajo y su procreación de manera acorde con sus aspiraciones personales.

Por otra parte, pese a las promesas, las resoluciones y las convenciones internacionales que afirman el valor de la planificación de la familia,  en los países en desarrollo la planificación de la familia sigue fuera del alcance de una abrumadora cantidad de mujeres: 222 millones. Hay muchos factores que contribuyen a ese déficit: limitada disponibilidad de servicios, altos costos y diversas condiciones en las vidas de las mujeres y los hombres que les impiden el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva. Esas barreras están coartando sus derechos. 

Si no se subsana esa carencia de planificación de la familia, ha de perpetuar la pobreza y la desigualdad entre los géneros y puede suscitar presiones por exceso de población en países pobres que se esfuerzan, con muchas dificultades, por satisfacer las necesidades humanas básicas. Sabemos que, en ausencia de los medios y las facultades para decidir libre y responsablemente cuántos hijos tener y cuándo tenerlos, las mujeres corren muchos mayores riesgos de padecer mala salud y pobreza. 

Los datos indican que el acceso a la planificación de la familia desencadena beneficios sin precedentes a nivel tanto individual como nacional, en que puede contribuir al desarrollo económico. Los efectos acumulativos de esas decisiones sumamente personales pueden ejercer influencia sobre países y regiones enteras. Esas opciones personales, al irse agregando, pueden inspirar políticas que mejoran las vidas.

Como lo han probado las economías fortalecidas de México y de los Tigres Asiáticos, al reducir la cantidad de dependientes de cada trabajador, a medida que el Estado va efectuando inversiones en el desarrollo para su pueblo, es posible impulsar un notable crecimiento social y económico. 

En verdad, el informe del UNFPA Estado de la Población Mundial muestra que la planificación de la familia tiene un positivo efecto multiplicador sobre el desarrollo. 

Si la comunidad mundial efectuara inversiones por valor de 8.100 millones de dólares anuales, podríamos eliminar la necesidad insatisfecha y millones de personas se agregarían a las que pueden determinar la trayectoria a que aspiran para sus propias vidas. 

Un estudio reciente sobre mi propio país, Nigeria, mostró que si la tasa de fecundidad disminuyera solamente en un hijo por mujer, aumentaría en un lapso de 20 años el ingreso per cápita anual, desde 1.452 dólares hasta 1.640 dólares. Si ese aumento  se multiplicara por el total de la población nigeriana, la economía nacional se acrecentaría en 30.000 millones de dólares, como mínimo. Aquella suma, invertida por cada pareja y por cada año, conduce a la vigencia de un derecho humano y genera una poderosa expansión económica. 

En mis viajes por todo el mundo, me encuentro con mujeres que me dicen lo mismo: que quieren tener menor cantidad de hijos, pero no disponen ni de las facultades, ni de los medios necesarios para evitar un embarazo no deseado.

Muchos hombres también afirman que desearían tener los medios de ayudar a sus esposas o sus compañeras a tener solamente la cantidad de hijos que ellas deseen.

Para esas mujeres y para esos hombres, no puede lograrse la vigencia del derecho a la planificación de la familia sin nuestra acción. Es preciso que los gobiernos y los proveedores de servicios aseguren que la planificación voluntaria de la familia esté al alcance de todas las personas que quieren tener acceso a ella, especialmente los pobres.

Es preciso que derribemos las barreras financieras, sociales y de otra índole que impiden el acceso. 

Podemos proporcionar a los jóvenes formación en aptitudes para la vida y educación sobre la sexualidad, apropiada a las distintas edades. Podemos dictar, aprobar y aplicar leyes que protejan los derechos de la mujer. 
Como tal vez ustedes ya sepan, el UNFPA, el Gobierno del Reino Unido, la Fundación Bill y Melinda Gates y otras entidades se reunieron en el mes de julio y aunaron sus fuerzas a fin de movilizar fondos y así agregar en los países en desarrollo 120 millones de mujeres a las que tienen acceso a los servicios de planificación voluntaria de la familia, para 2020.

Este es un avance positivo. Pero es más, mucho más, lo que todavía queda por hacer. 

Los propios países en desarrollo han acrecentado sus compromisos en pro de la financiación de la planificación de la familia. En la cumbre sobre la planificación de la familia celebrada en Londres, sus promesas de contribuciones ascendieron a 2.000 millones de dólares. 

Esas nuevas inversiones en planificación de la familia serán más eficaces si forman parte de acciones nacionales encaminadas a mejorar la salud sexual y reproductiva.

La comunidad mundial ha hecho oír su voz: la planificación de la familia es fundamental para casi todos los aspectos del desarrollo. Por esa razón, debe ser un elemento fundamental del programa mundial de desarrollo que sucederá, después de 2015, a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Centenares de millones de mujeres, hombres y jóvenes cuentan con nosotros para que apoyemos sus derechos. No podemos dejar de merecer su confianza.
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